LA LEYENDA,HOSPITAL PUERTA DEL MAR (CÁDIZ).
En este lugar según cuenta la leyenda, había una mujer que se metió a monja y que durante sus años como sierva de Dios, empleaba su tiempo en visitar a los enfermos terminales que se encontraban padeciendo en el hospital Puerta de mar, para intentar así, aliviar sus agonías.
Por cuestiones personales, la monja colgó el hábito y se puso a trabajar. En un momento determinado de su vida que pasaba por un mal momento económico, se quedó sin empleo y desesperada acudió en busca de ayuda al hospital donde tantos días había acudido en busca de aliviar el dolor de aquellos seres humanos que se encontraban padeciendo en sus últimos días de vida. Allí hizo mucho amigos, no solo enfermos y familiares de estos, también, muchos trabajadores del hospital, incluso de la dirección, por lo cual no tardaron en ofrecerle un puesto de trabajo dentro del centro sanitario, concretamente en el departamento de medicina nuclear.
Una vez que empezó como empleada del hospital, las cosas se torcieron bastante, la amable y simpática monja, no parecía ser la misma que hace unos años, en cuanto a su actitud, había dado un cambio radical, llegando a tener varios enfrentamientos serios con algunas empleadas, incluso amenazó a varias de ellas diciendo que el día que muriera se los llevaría uno a uno detrás de ella.
En el hospital hubo un incendio en el departamento donde estaban los archivos, según sus propias compañeras, este incendio fue provocado por ella y es que esta señora tenía una forma muy peculiar de vestir, bata azul y un pañuelo blanco en la cabeza, por lo que pudo ser reconocida por otras empleadas.
En el incendio no hubo muertos ni heridos, solo algunos daños materiales.
La leyenda dice que la monja se suele aparecer para enseñar el camino a los que están perdidos y luego desaparece, según cuentan los testigos, suele aparecer en las plantas bajas, en los ascensores sobre todo y cuando es de noche.
ALGUNOS TESTIMONIOS
Testimonio de José H. L.
Fui a visitar a mi hermano Ramón al hospital a eso de las seis de la tarde, era invierno y estaba oscureciendo, cuando salí para regresar a casa serían sobre las nueve de la noche y al entrar en el ascensor y llegar a la segunda planta, ocurrió algo que me dejó paralizado.
Justo a mi lado apareció de la nada una mujer vestida de negro y con muchas arrugas en la cara, esto sucedió justo al llegar el ascensor a la planta dos, en ese momento se abrió la puerta y salí corriendo asustado.
A día de hoy solo recuerdo que esa mujer no estaba en el ascensor cuando yo me monté y de repente apareció, fueron los 3 o 4 segundos más escalofriantes de mi vida.
Testimonio de Charo
Yo acudía todos los días al hospital a ver a mi abuelo que se encontraba ingresado, un día entré en el ascensor, en la planta 1, dentro había una monja vestida de negro, me pregunto ¿a que planta vas? y le dije, creo que es la 3 - iba a ver a un conocido que estaba hospitalizado y no recordaba bien la planta que me habían dicho-
La monja muy amable me pulso el número 3 del ascensor y me regaló una sonrisa, al llegar arriba salí y antes de que se cerrara la puerta, una vez que encontraba fuera del ascensor, me giré para decir decirle adiós y ya no estaba.
Hoy, tres años después aún no se donde se metió la monja, yo no creo en leyendas de fantasmas, pero la realidad es que la monja desapareció del ascensor como si la tierra se hubiese tragado.
Testimonio de Rubén Méndez
Yo soy testigo en primera persona de la aparición del fantasma de la monja o de lo que sea eso.
La verdad es que yo no quería dar mi testimonio por que luego la gente puede pensar que estás loco, pero finalmente después de hablar con Miguel Ángel, creo que debo hacerlo, haber si así se anima más gente que se encuentra en mi misma situación.
Creo recordar que eran sobre las 3 de la mañana del 25 de Octubre del año 2001 y estaba junto con mi amigo Loren esperando que la mujer de otro amigote de la pandilla diera a luz.
Nos encontrábamos en los asientos de la primera planta, nada más entrar al hospital, habíamos fumado un cigarro fuera y nos sentamos a tomar un café en los sillones, al terminarnos el café le dije a mi amigo Loren que iba a subir un segundo a la planta de partos a ver como iba todo, el me dijo que de mientras se aceraría a un bar o a la gasolinera a comprar tabaco.
Tomé el ascensor y llegué hasta la planta de partos, una vez allí vi salir de una habitación una mujer vestida de negro con un largo vestido, al acercarse la identifique con una monja, aquella extraña mujer me miró me sonrío y me dijo, todo saldrá bien, en ese momento me quedé parado y me giré viendo a la señora como caminaba por el largo pasillo, hasta desvanecerse justo al llegar a la pared, parecía que había traspasado los ladrillos, me quedé atónito durante un buen rato, incluso a día de hoy, se me erizan todos los pelos solo con recordarlo.
INVESTIGACIÓN
En Agosto de este año 2005, Javier Aguilera y yo nos acercamos hasta este hospital en busca de intentar esclarecer si esta leyenda y lo que afirmaban los testigos era cierto.

Llegamos al hospital sobre las 2 de la madrugada del miércoles 24 de agosto de este presente año 2005. Una vez dentro del hospital nos dirigimos al ascensor de la primera planta y subimos a la última planta, la número 7. Allí pusimos nuestras grabadoras digitales en Rec y realizamos una serie de fotografías.
Al analizar la cinta en nuestro laboratorio habíamos registramos cuatro inclusiones psicofónicas: "te han visto...dime quien" - "a quien veis" - "Charo" - "quien era" por lo demás todo había sido normal, no presenciamos nada anómalo
En la planta número 6, que fue la siguiente en visitar realizamos el mismo procedimiento, una sesión de grabación de audio y una serie de fotografías, además disponíamos de un medidor de temperatura y otro de movimiento, con los cuales tomábamos mediciones de forma regular.
Hasta el momento todo había transcurrido con normalidad igual que había ocurrido en la planta de arriba, no fuimos testigos de ningún fenómeno paranormal.
En esta planta no registramos ninguna inclusión psicofónica en nuestras grabadoras.
A continuación nos fuimos hacia las escaleras y bajamos hasta la planta número cinco, lugar donde ocurriría un fenómeno que nos dejaría casi toda la noche con los pelos de punta.

Nos encontrábamos grabando y realizando fotografías, mientras colocamos de forma estratégica un detector de movimiento en el pasillo que había justo delante de nosotros y desde donde nos podíamos percatar de cualquier presencia, tanto humana como espectral.
A los pocos minutos de estar grabando, el detector nos alerto de algún movimiento y en ese momento se abrió la puerta del ascensor, al mirar observamos una neblina blanca y lumínica que salió del ascensor a una velocidad impresionante y desaparecieron al llegar a la pared donde se encontraba el detector de movimiento.
Era una especie de nube poco densa y lumínica de aproximadamente un 150cm de largo y 50 de ancho que se deformaba al desplazarse.
Lo curioso de todo esto, no solo es el fenómeno tan impresionante que vivimos, si no, la reacción del aparato que detectaba el movimiento, que se activo segundos antes de que esa neblina saliera del ascensor y sin embargo cuando paso por su lado no detecto ningún momento.
En esa planta número cinco, registramos una inclusión psicofónica que parece decir "hazme una radiografía"
En la planta cuatro no presenciamos ningún fenómeno extraordinario como ocurrió en la planta anterior, pero si que registramos numerosas psicofonías, algunas de ellas escalofriantes.

Nada más llegar y poner en marcha la grabadora, protocolé como de costumbre y dije que nos encontrábamos en la planta cuatro, a continuación una voz se coló en la grabación diciendo "planta 12" y pocos segundos después otra voz también masculina parecía decir con acento andaluz "verás esta noshe"
Otra de las psicofonías que nos impresionó bastante por su contenido fue una donde se escuchan varios gritos y golpes, la verdad es que se escucha tan fuerte que casi satura la grabación, al escucharla por primera vez nos impresionó bastante, cosa que no suele ocurrir, ya que estamos acostumbrados a escuchar muchas inclusiones de este tipo.
Cuando terminamos en la planta cuatro, decidimos bajar a la número tres en el ascensor y realizar de paso algunas fotografías en el interior.
Una vez que se cerro la puerta empecé a realizar fotografías cuando de repente nos volvimos a topar con lo extraordinario, el botón número 3 del interior del ascensor donde nos encontrábamos Javi y yo, se activo e iluminó solo, sin que ninguno de los dos lo pulsáramos, -me gustaría aclarar que es el típico ascensor que si lo llaman desde fuera no marca los números en el panel interior- Tengo que reconocer que ahí pasamos miedo de verdad, la sensación de estar atrapado en un metro cuadrado y tener la percepción de que junto a ti hay algo sobre natural, la verdad es que impresiona muchísimo.
Una vez en la planta 3 y recuperados de la sensación tan fuerte que habíamos vivido, seguimos con nuestra investigación.
En esta planta según afirma una de las trabajadoras del hospital, se aparecía el fantasma de la monja durante un periodo de tiempo con bastante frecuencia, lo cierto es que nosotros no presenciamos nada extraño, ni siquiera registramos psicofonías, solamente pudimos observar que al medir la temperatura, en la zona de los ascensores y donde están los sillones de espera, habían unos descensos de casi 2 grados.
Nada más salir del ascensor en la planta número 2, nos percatamos Javier y yo, de un olor desagradable y muy peculiar que no sabíamos identificar con nada, era algo muy extraño, jamás habíamos tenido esa sensación en nuestro olfato, era una mezcla entre tierra húmeda, podrido y quemado, ese olor se te metía por la nariz y era muy molesto.
Al cabo de un par de minutos desapareció y continuamos con nuestro fin, que era registrar algo medible sobre los fenómenos que allí supuestamente acontecen.
No encontramos más sorpresas inesperadas y los aparatos electrónicos funcionaron con normalidad, sin llegar a detectar nada extraño.
En las grabadoras registramos tres voces de origen desconocido "me hecho daño" "siempre paro" "siempre" y un suspiro acompañado de un voz que impresiona cuando lo escuchas por primera vez.
Al llegar a la planta número 1, nos encontramos con un festival sonoro gracias a nuestro detector de movimiento que no dejaba de sonar, alertándonos de alguna presencia extraña.

La temperatura era totalmente irregular si nos desplazábamos cuatro o cinco metros, llegamos a registrar cambios de hasta 3 grados, en cuanto a las inclusiones de tipo psicofónica, registramos varias, entre ellas dos que parecían invitarnos a salir del lugar y abandonar nuestra investigación.
Una voz masculina nos decía "fuera" y otra aparentemente femenina, segundos después nos volvía a decir los mismo "fuera"
Por último decidimos bajar al sótano, lugar donde está medicina Nuclear. Allí ocurrió todo lo contrario que en la planta anterior, no registramos cambios bruscos de temperatura, el detector de movimiento no nos alerto de nada extraño y en cuanto a las inclusiones psicofónicas que registramos fueron dos, " en la cartilla blue" "preso"
A MODO DE CONCLUSIÓN
considero después de haber hablado con los testigos, que no mienten, ellos están seguros de lo que han vivido y así lo cuentan, para mi tienen total credibilidad, sobre todo después de comprobar en primera persona que en ese lugar ocurren fenómenos paranormales.
Es muy difícil que los investigadores seamos testigos de este tipo de fenómenos, parece que cuando nosotros llegamos al lugar o bien han cesado dichos fenómenos o se aíslan en nuestra presencia, en ocasiones nos da la sensación de que nos podemos encontramos ante algo inteligente que evita manifestarse ante nuestra presencia, por eso considero que la experiencia que hemos vivido en el hospital gaditano, es de las pocas donde los investigadores son testigos directos del fenómeno.
Sin duda estamos antes un lugar donde realmente acontecen fenómenos paranormales.
En nuestra investigación no presenciamos la figura espectral de la monja, pero fuimos testigos de fenómenos extraordinarios que nos dejaron perplejos en varias ocasiones.
La Historia de "Canelo" , Lecciones para el Humano

Este es Canelo, un ser excepcional. Su dueño, enfermo del riñón, estaba en diálisis, y todos los días Canelo le acompañaba y le esperaba a la puerta. Hasta que un día no salió. Canelo se negó a moverse de allí, y allí vivió esperando, a la puerta del hospital, durante nada menos que doce años. El perro Canelo ha sido toda una institución en Cádiz, y Cádiz ha demostrado que sus ciudadanos también saben ser fieles. Quizás no tanto como Canelo, pero casi. Hace justo seis años que Canelo se fue con su dueño, pero nadie le ha olvidado, hasta el punto de que Cádiz le ha dedicado la calle en que vivió.
Seguid leyendo: es una de esas historias que vale la pena conocer.
Canelo era, para su dueño, compañía y aliento, y cuando enfermó y se vio sometido a diálisis diaria, el perro Canelo le acompañaba hasta la puerta del gaditano Hospital Puerta del Mar, alias “La Residencia”. Espérame aquí, chaval; y Canelo esperaba, matando las largas horas de la diálisis a base de pensar en el momento en que se abriría la puerta y Dueño saldría por ella. Pero un mal día Dueño no salió: su vida se enganchó entre tubos y agujas, y hubo de quedarse ingresado.
Durante varias semanas, Canelo esperó y esperó. Las enfermeras amigas le traían noticias del amo, recuerdos y besitos, además de comida. Le prepararon una cama de cartones a cubierto, adivinando que el perro no iba a marcharse. Pero su Dueño murió, y Canelo, ay, se negó a entenderlo. Y decidió que allí se quedaba. Y se quedó.
Intentaron buscarle un hogar, pero fue en vano. El perro Canelo no quiso más hogar que aquel que le hacía sentirse a un paso de su dueño. Los laceros de la perrera municipal cogieron un día a Canelo, porque hubo uno que lo denunció, diciendo que había atacado a su perro. Se movieron los trabajadores de la Residencia y los amantes de los animales y pidieron el indulto de Canelo como los pañuelos blancos de una plaza reclaman la vida de un animal bravo y noble. Los vecinos de la Avenida le adoptaron colectivamente, y Canelo fue el perro de todos. Nunca le faltó comida, ni agua, ni una mantita en invierno, ni las caricias que no podía ya prodigarle el amo, ni una palabra de aliento. El pueblo gaditano aceptó chucho (como animal de compañía), y hasta consiguió que el teniente de alcalde de Sanidad, José Blas Fernández, firmara un decreto perdonándole la vida.
AGADEN se encargó del tema sanitario, y Canelo era un perro sano, vacunado y con todos los papeles en regla. Y durante doce años, doce, vagabundeó por los alrededores del hospital haciendo de su callejón su reino, a la espera siempre, con la seguridad absoluta de que su dueño no le había abandonado. Doce años, hasta el mal día en que se dejó el pellejo debajo de las ruedas de un coche, o, quién sabe, pensó “mucho está tardando este, me voy a ver si lo encuentro”.
Cádiz rinde así homenaje a este perro valiente y leal y le ha dedicado el callejón en que pasó su vida. Por lo menos, que nadie olvide que la lealtad y la fidelidad existen.
¿UNA CALLE CON EL NOMBRE DE UN PERRO?
.
.
En la trimilenaria ciudad de Cádiz, un animal escribió con letras de constancia y pulso de lealtad, una de las más hermosas páginas que la humanidad recuerde. Lo llamaron "El perro de Cádiz" y "El perro de todos". Incluso, alguien lo definió como canis viator gardirense, es decir, "perro callejero gaditano".
Este can tiene calle propia. El Ayuntamiento, gracias al empuje de AGADEN (Asociación Gaditana para la Defensa de la Vida y el Estudio de la Naturaleza) y del pueblo entero, le dio su nombre a la vía peatonal adyacente al Hospital Puerta del Mar, donde el chucho pasó sus últimos años. En la citada calle se instaló una rememorativa placa de bronce -obra de la escultora Presentación Navarro-, en la que se lo ve echado, en inequívoca postura de espera.
.
Esta historia empezó a rodar al final de la penúltima década del siglo XX, y cuenta con dos protagonistas; un vagabundo doblegado por el padecimiento, y un perro de conducta mansa y silente andar. Para el mendigo su perro lo era todo; amor, amistad, y coraza contra el virulento soplo de la soledad. Y para el perro su dueño significaba el lenguaje pleno reducido a dos palabras; un amigo. Las calles gaditanas los vieron pasar enhebrando paseos y alegrías; el hombre vigilando su can con la amplitud de su cariño, y el can husmeando en cada rincón, y enredándose en breves carreras con oponentes imaginarios.
.
El indigente, una persona de salud quebrantada, albergaba en su interior un desagradable invasor; una enfermedad renal que le exigía someterse a diálisis cada semana. El perro, cual sombra asociada, iba con él hasta la entrada del Hospital Puerta del Mar.
Aquella mañana el mendigo se despidió de su mascota:
-Espérame aquí, compañero.
Y el "compañero", como siempre, se quedó allí; firme.
Pero ese día la dolencia derivó en gravedad, y el paciente fue ingresado de urgencia. Mientras tanto, el chucho calmamente aguardaba al amigo.
Y se produjo lo inevitable, ¡la muerte llegó sin preámbulos y al enfermo le firmó el fin de su existencia!
El perro desconocía que el amor y las caricias nunca más tornarían.
Por la puerta que enmarcaba el regreso, el amigo no salió. Tal vez la muerte, en un gesto bondadoso, le dio otro camino a la retirada, librando al animal del trauma de la separación.
.
Las horas fueron cayendo en el depósito del tiempo, y el portento del reencuentro se resistía a mostrar su rostro amable. En la memoria del can resonaba la frase que marcaría el comienzo de su desamparo: "Espérame aquí, compañero". Y ahí se mantenía, repasando con mirar prolijo las figuras de quienes abandonaban el centro sanitario.

Las jornadas pasaron y las preguntas corrieron rumbo al entendimiento de Cádiz; ¿qué hacía ese perro en la puerta del hospital? ¿Por qué sus ojos siempre estaban clavados en la entrada? ¿Por qué volvía cuándo lo espantaban? La búsqueda de respuestas fue abonando la curiosidad popular. Empero, pronto la verdad destapó la razón del extraño comportamiento; el perro aguardaba a su dueño, y su dueño había muerto al otro lado de la puerta.
Rápidamente el drama del animal empezó a hallar cobijo en todas las conversaciones, y se referían a él por el apelativo de Canelo, el color de su pelo. Y Canelo poco a poco se fue convirtiendo en la personificación de la lealtad.
El personal del hospital, los vecinos, y los taxistas con parada en el lugar, acoplaron el esmero al respeto, y lo atendieron en sus necesidades. Mas, por timidez o por un reflejo de cortesía el chucho rechazaba el agua y la comida. No obstante, en el momento que la debilidad se impuso, la merma de fuerzas le aconsejó aceptar las invitaciones. Comía y bebía con gesto humilde y miradas agradecidas, meneando la cola en réplica a las caricias que le daban.
Muchos quisieron adoptarlo, pero en Canelo la determinación lucía un único tono; la fidelidad. Y la fidelidad lo estancaba en señera actitud, y con la imagen del amigo refugiada en su memoria; deseando verlo aparecer con la sangre renovada, enarbolando una sonrisa, y trayendo en las manos el contacto que premiaría la espera.
.
Los días transcurrieron conformando meses, los meses al agruparse formaron años, y los años agigantaron su desdicha en la emoción de la gente. Pero él aguantaba, ungido de firmeza, inaccesible al desaliento, y con la intemperie como abrigo.
Las crónicas de entonces registran: "Desde Estados Unidos llegó una caseta de can para que fuera su vivienda, pero las ordenanzas municipales prohibían su instalación a las puertas del hospital". Canelo ni se inmutó por la rigidez del Ayuntamiento, y continuó siendo lo que siempre había sido; un "sin techo".
La triste historia de este perro triste obtuvo resonancia nacional e internacional. De él se ocuparon numerosos medios de comunicación, y apareció en los noticieros de todo el mundo. La BBC le dedicó un documental tierno y conmovedor.
Una mañana, Canelo sintió que algo en forma de redondel silbaba sobre su cabeza, y antes que el instinto lo catapultara al salto de la fuga, la cuerda aterrizó en su cuerpo y un tirón apretó el nudo del rigor cortándole la respiración. Quedó con las patas abanicando el aire, haciendo de la impotencia el cepo de su desesperación. Los laceros lo llevaron a la perrera. Sin una queja, Canelo integró su mansedumbre en los ladridos de los otros ocupantes del lugar -verdadero corredor de la muerte para los animales sin hogar-. ¿Qué había ocurrido? Pues, que un caballero presentó una denuncia, quejándose de la permisividad otorgada al can tan cerca del acceso al hospital, sin contemplar el riesgo para la salud pública.
La reacción no tardó en emerger; los gaditanos, con AGADEN al frente, se aunaron en el grito y arremetieron contra las autoridades municipales. El empeño popular obró el prodigio de la rectificación. El Ayuntamiento decidió poner en la liberación una vertiente de simpatía, y lo convirtió en "perro indultado" (privando así a la perrera de su huésped más ilustre). La presión del pueblo salvó a Canelo del "aislamiento preventivo" y de la guadaña sanitaria.
AGADEN se hizo cargo de él, y tras vacunarlo y desparasitarlo, le arregló la documentación a fin de que dejara de ser un "sin papeles". Y nuevamente hubo personas que intentaron adoptarlo. Intentos baldíos, ya que se escapaba y volvía al sitio; a la atalaya de la expectativa. A él le constaba que su amigo entró por ahí y por ahí tendría que salir.
El 9 de diciembre de 2002, días antes que el nuevo año desembarcara con sus campanadas, brindis y alegría, Canelo, ahogado por la espera, cruzó una calle en pos de un respiro, y la muerte vino a su encuentro montada en el ímpetu motorizado. En las inmediaciones del Hotel Playa Victoria, el descuido de un conductor lo descabalgó de la vida. El desaprensivo, al amparo de los reflejos de la chapa de su automóvil, huyó a ocultarse entre los pliegues del anonimato. Canelo acabó tumbado, vencido; sintiendo los pulmones en fase decreciente, y maquillando el rostro del asfalto con su sangre generosa.
La noticia ¡estremeció la ciudad! ¡La mudez se apoderó de las gargantas! Los niños mordieron sus risas, la actividad arrió banderas, la ambición detuvo los vaivenes, y el pueblo buscó en los corazones una lágrima de consuelo. En la atmósfera se palpaba el desgarro del silencio. A los ojos de Cádiz subió la tristeza, y el pesar congeló todos los gestos; el perro más querido se había marchado a los puertos del adiós.
Así concluyeron doce años de inútil espera. Doce años consumidos palmo a palmo, minuto a minuto, mirada a mirada; ensamblando luces y sombras, fríos y calores, céfiros y tormentas. Canelo, al morir, su postrer pensamiento viajó hasta el añorado amigo, llevándose cual regalo de despedida, el recuerdo del arrullo de sus palabras, la tibieza de su mano cariñosa, y el tintineo de su sonrisa.
La vida de Canelo se escurrió por la estela dibujada con su lealtad, pero nos dejó lo único que nos podía dejar; un inolvidable mensaje de amor. El olvido no ha borrado su huella. Su infelicidad permanece engarzada a la memoria de aquellos que lo amaron. Gente que tránsida de emoción, al pie de la placa estampó esta leyenda: "A Canelo, que durante 12 años esperó a las puertas del hospital a su amo fallecido. El pueblo de Cádiz como homenaje a su fidelidad. -Mayo de 2003".



Este modesto animal, ergo haber vivido en estado de abandono, pasó a ser la musa de una pléyade de artistas, saltanto de las bellas artes a la música, y de la música a las letras. Miguel Torres López lo incluyó en su novela "Los que esperan". Pépin Muriel le dedicó el libro infantil "El perro Canelo". El poeta Juan Pablo le hizo un poema "A Canelo", al que pertenecen estos versos: "Te encuentro siempre triste y abatido, pero atento adonde tu mirada alcanza, porque aún no has perdido la esperanza, ni aceptas que tu amo se haya ido".
[ame=http://www.youtube.com/watch?v=jjgfMfWrU8k]YouTube - Semper Fi (Homenaje a Canelo)[/ame]
Si los deseos tienen alas, mis pensamientos vuelan hacia ese recodo de la esperanza, donde seguramente están Canelo y su dueño; unidos para siempre en el abrazo que la felicidad concede a las almas puras.
<object width="480" height="385"><param name="movie" value="
http://www.youtube.com/v/In7fBbEnygM&hl=es_ES&fs=1&"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="
http://www.youtube.com/v/In7fBbEnygM&hl=es_ES&fs=1&" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="480" height="385"></embed></object>

Costa atlántica de Cádiz desde el Campo del Sur.

Garita en el Castillo de Sta. Catalina de Cádiz, España. Se pueden apreciar las características (color, textura) de la
piedra ostionera con la que se ha construido.
La ciudad de Cádiz es un municipio español situado en la provincia de Cádiz, en la comunidad autónoma de Andalucía, en el extremo sur de la Europa continental. Es la capital de la provincia homónima y una de las dos ciudades principales del área metropolitana de la Bahía de Cádiz-Jerez, tercer núcleo poblacional de Andalucía y uno de los más activos económica e industrialmente, en Andalucía, España. Además, conforma junto a los municipios de Jerez de la Frontera, El Puerto de Santa María, San Fernando, Chiclana de la Frontera, Puerto Real y Rota la Mancomunidad de Municipios Bahía de Cádiz.
Con 126.766 habitantes es la ciudad más poblada de la Bahía de Cádiz y la segunda más poblada de la provincia homónima. Su economía está basada, principalmente, en el sector del comercio debido a la presencia de los astilleros y las actividades de la zona portuaria y de la Zona Franca.El otro sector base de la economía gaditana es el turismo, debido a sus playas, a las fiestas locales y al importante patrimonio histórico que posee.
Hoy en día Cádiz es conocida sobre todo por su larga e influyente historia, —posiblemente la ciudad más antigua de Europa occidental y con restos arqueológicos datados en 3.100 años— [5 no sólo en el ámbito nacional sino también por su importancia en procesos como las guerras púnicas, la romanización de Iberia, el descubrimiento de América o la instauración del régimen liberal en España con su primera constitución. Toda la ciudad alberga numerosas plazas, jardines, iglesias y otros emplazamientos que así lo recuerdan.
La ciudad está situado en un tómbolo, frente al estuario del río Guadalete e inmersa en el Parque natural de la Bahía de Cádiz, a 124 km de la capital autonómica, Sevilla.
El conjunto formado por Cádiz y
San Fernando está separado de la
Península Ibérica por el
Caño de Sancti Petri. Históricamente ha sido desde un pequeño archipiélago (llamado
Gadeiras), a una sola isla, situación en la que se debate si se encuentra en la actualidad. Ésta particularidad hace que sea difícil definir su condición geográfica, aunque hoy día recibe un plan de tratamiento insular. Fue bautizada por
Lord Byron como
Sirena del Océano y se la conoce popularmente como la
Tacita de Plata.
| Vídeo cuentos para escuelas de sordos e hipoacúsicos |
 |
 |
 |
Se trata de un hecho inédito, ya que nunca se habían elaborado oficialmente narraciones con lenguaje de señas argentinas. Es una iniciativa del Ministerio Nacional de Educación. A partir de mayo los niños sordos e hipoacúsicos que concurren a escuelas especiales de todo el país tendrán la posibilidad de interpretar en lenguaje de señas seis cuentos diseñados para ellos, en un emprendimiento que se efectúa por primera vez en Latinoamérica. Los cuentos fueron elaborados en formato de video y de libro y son interpretados por narradores sordos y oyentes, luego de un trabajo de investigación que demandó un año, dijo la directora del proyecto, Gabriela Bianco (Dirección Artística y Pedagógica de ADAS).Hasta ahora, los niños sordos se guiaban por el lenguaje labial para interpretar los cuentos pero, según Gabriela Bianco, este sistema es muy engorroso y difícil de aprender y los docentes se arreglaban como podían para poder leerles las narraciones. Ahora, los relatos fueron confeccionados en lenguaje de señas argentinas y se distribuirán en forma gratuita en todas las escuelas especiales del país. Se trata de seis cuentos, tres de ellos clásicos como "Pulgarcito", "Pinocho" y "La Vaca Estudiosa" , además del "Mago Merlín" y dos cuentos folklóricos como "La Carrera del Sapo" y "Las velas malditas". Las narraciones están dirigidas a niños de entre 5 y 15 años y empezarán a distribuirse a partir de mayo con el apoyo del Ministerio de Educación. "Tomamos la base de las experiencias efectuadas en Estados Unidos y en Europa para confeccionar estos video cuentos, los cuales contarán con ilustraciones y actividades para que los docentes puedan trabajar con ellos en el aula", puntualizó Bianco quien señaló que la iniciativa incluye también la capacitación de los docentes de escuelas especiales, pero esta tarea estará a cargo del ministerio de Educación. Bianco destacó que la idea de confeccionar estos cuentos para chicos sordos surgió luego de un viaje que hizo en 1998 por Europa, donde advirtió cómo se trabajaba con los niños hipoacúsicos. "Me pregunté entonces porque en la Argentina no podíamos tener algo similar, pero nos encontramos con que en el país y en Latinoamérica no había antecedentes, por lo que tuvimos que empezar a trabajar desde cero", relató la docente y actriz. Indicó además que pudieron conseguir el apoyo de entidades como British Council, Unicef y el grupo TEA imagen, que ayudó a grabar los cuentos, al tiempo que 12 personas, entre diseñadores y especialistas, trabajaron en la finalización de la idea. Los video cuentos serán presentados a fines del mes próximo por la actriz Araceli González, quien también aparece en las imágenes para introducir a los chicos en los relatos. Si bien el ministerio de Educación les proporcionó un listado con unas 80 escuelas especiales de todo el país para distribuir en forma gratuita este instrumento pedagógico, Bianco estimó que hay muchos establecimientos más que tienen aulas para chicos sordos. "Creemos que en la Argentina hay unas 400 escuelas en donde se enseña a chicos sordos por lo que necesitamos saber las direcciones, ya que nuestra intención es llevar los video cuentos a todas las escuelas argentinas", comentó la directora del proyecto. ADAS es una entidad dedicada al arte, la investigación y la capacitación en lenguaje de señas argentina y la desarrollo cultural y educativa de la comunidad de niños y jóvenes sordos. Está conformada por personas sordas y oyentes, y trabaja desde 1993 en actividades pedagógicas y artísticas para mejorar la calidad de vida de las personas sordas y su medioambiente. |
Érase una vez, en el corazón de África, en la Sabana,
vivía un avestruz que se llamaba Ostrich; tenía dos hijitos,
uno tenía las patas muy largas y el otro muy cortas
y se llamaban Patas Largas y Patas Cortas.
Además, para cuidar de la casa, tenía una avestruz que se llamaba Uuz.

El papá Os...ch les decía todos los días a los avestrucillos
que tenían que recoger todos los juguetes porque si no,
un día iba a venir el elefantito Fant y se los iba a llevar a su casita.
Patas Lar... y Patas Cor... no se lo creían y eran muy
perezosos y no hacían caso a su papá.
Hasta que un día, cuando todos estaban durmiendo,
El elefantito...t, que era muy golfo,
se acercó para ver si había algún juguete para llevarse y,
como era muy juguetón, se los llevó todos.
Por la mañana, cuando se despertaron Patas Lar... y Patas Cor... ,
buscaron los juguetes y, al no encontrarlos,
Fueron corriendo a despertar a su papá, Os...ch,
que tenía la cabeza escondida en la arena
(porque así es como duermen los avestruces).
Cuando consiguieron despertarle, le dijeron que no podían encontrar los juguetes.
Ostrich les contestó: Ya os lo había avisado, pero no os preocupéis‚
que iré a hablar‚ con el elefantito...t para preguntarle si los tiene
y entonces, como es orgulloso, le voy a decir que le echo una carrera
y que si le gano, os los tiene que devolver.
Efectivamente, echaron una carrera, a ver quien iba a un árbol
que se veía a lo lejos, daba la vuelta y volvía primero.
Y sabéis‚ ¿quién ganó? Os... . ¨ Y sabéis‚ ¿por qué?
Porque aunque Fant corría mucho, el papá Ostrich era el avestruz
Con las patas más largas de todos los avestruces
y era muy fuerte y potente.

Entonces, el elefantito...t les devolvió todos los juguetes
y además, les dio dos elefantitos chiquititos de madera,
uno con las patas muy largas y otro con las patas muy cortas.
Y los avestrucillos, a partir de ese día,
Recogían siempre los juguetes antes de irse a dormir.
Y todos fueron felices, comieron lombrices y colorín,
colorado, este cuento se ha acabado, y ahora…
¡ A DORMIR !
Me llamo John Brenwalter. Mi padre, un borracho, logró patentar un invento para fabricar granos de café con arcilla; pero era un hombre honrado y no quiso involucrarse en la fabricación. Por esta razón era sólo moderadamente rico, pues las regalías de su muy valioso invento apenas le dejaban lo suficiente para pagar los gastos de los pleitos contra los bribones culpables de infracción. Fue así que yo carecí de muchas de las ventajas que gozan los hijos de padres deshonestos e inescrupulosos, y de no haber sido por una madre noble y devota (quien descuidó a mis hermanos y a mis hermanas y vigiló personalmente mi educación), habría crecido en la ignorancia y habría sido obligado a asistir a la escuela. Ser el hijo favorito de una mujer bondadosa es mejor que el oro.
Cuando yo tenía diecinueve años, mi padre tuvo la desgracia de morir. Había tenido siempre una salud perfecta, y su muerte, ocurrida a la hora de cenar y sin previo aviso, a nadie sorprendió tanto como a él mismo. Esa misma mañana le habían notificado la adjudicación de la patente de su invento para forzar cajas de caudales por presión hidráulica y sin hacer ruido. El Jefe de Patentes había declarado que era la más ingeniosa, efectiva y benemérita invención que él hubiera aprobado jamás. Naturalmente, mi padre previó una honrosa, próspera vejez. Es por eso que su repentina muerte fue para él una profunda decepción. Mi madre, en cambio, cuyas piedad y resignación ante los designios del Cielo eran virtudes conspicuas de su carácter, estaba aparentemente menos conmovida. Hacia el final de la comida, una vez que el cuerpo de mi pobre padre fue alzado del suelo, nos reunió a todos en el cuarto contiguo y nos habló de esta manera:
-Hijos míos, el extraño suceso que han presenciado es uno de los más desagradables incidentes en la vida de un hombre honrado, y les aseguro que me resulta poco agradable. Les ruego que crean que yo no he tenido nada que ver en su ejecución. Desde luego -añadió después de una pausa en la que bajó sus ojos abatidos por un profundo pensamiento-, desde luego es mejor que esté muerto.
Dijo estas palabras como si fuera una verdad tan obvia e incontrovertible que ninguno de nosotros tuvo el coraje de desafiar su asombro pidiendo una explicación. Cuando cualquiera de nosotros se equivocaba en algo, el aire de sorpresa de mi madre nos resultaba terrible. Un día, cuando en un arranque de mal humor me tomé la libertad de cortarle la oreja al bebé, sus simples palabras: "¡John, me sorprendes!", fueron para mí una recriminación tan severa que al fin de una noche de insomnio, fui llorando hasta ella y, arrojándome a sus pies, exclamé: "¡Madre, perdóname por haberte sorprendido!" Así, ahora, todos -incluso el bebé de una sola oreja- sentimos que aceptar sin preguntas el hecho de que era mejor, en cierto modo, que nuestro querido padre estuviese muerto, provocaría menos fricciones. Mi madre continuó:
-Debo decirles, hijos míos, que en el caso de una repentina y misteriosa muerte, la ley exige que venga el médico forense, corte el cuerpo en pedazos y los someta a un grupo de hombres, quienes, después de inspeccionarlos, declaran a la persona muerta. Por hacer esto el forense recibe una gran suma de dinero. Deseo eludir tan penosa formalidad; eso es algo que nunca tuvo la aprobación de... de los restos. John -aquí mi madre volvió hacia mí su rostro angelical- tú eres un joven educado y muy discreto. Ahora tienes la oportunidad de demostrar tu gratitud por todos los sacrificios que nos impuso tu educación. John, ve y mata al forense.
Inefablemente complacido por esta prueba de confianza de mi madre y por la oportunidad de distinguirme por medio de un acto que cuadraba con mi natural disposición, me arrodillé ante ella, llevé sus manos hasta mis labios y las bañé con lágrimas de emoción. Esa tarde, antes de las cinco, había eliminado al médico.
De inmediato fui arrestado y arrojado a la cárcel. Allí pasé una noche muy incómoda: me fue imposible dormir a causa de la irreverencia de mis compañeros de celda, dos clérigos, a quienes la práctica teológica había dado abundantes ideas impías y un dominio absolutamente único del lenguaje blasfemo. Pero ya avanzada la mañana, el carcelero que dormía en el cuarto contiguo y a quien tampoco habían dejado dormir, entró en la celda y con un feroz juramento advirtió a los reverendos caballeros que, si oía una blasfemia más, su sagrada profesión no le impediría ponerlos en la calle. En consecuencia moderaron su objetable conversación sustituyéndola por un acordeón. Así, pude dormir el pacífico y refrescante sueño de la juventud y la inocencia.
A la mañana siguiente me condujeron ante el Juez Superior, un magistrado de sentencia, y se me sometió al examen preliminar. Alegué que no tenía culpa, y añadí que el hombre al que yo había asesinado era un notorio demócrata. (Mi bondadosa madre era republicana y desde mi temprana infancia fui cuidadosamente instruido por ella en los principios de gobierno honesto y en la necesidad de suprimir la oposición sediciosa.) El juez, elegido mediante una urna republicana de doble fondo, estaba visiblemente impresionado por la fuerza lógica de mi alegato y me ofreció un cigarrillo.
-Con el permiso de Su Excelencia -comenzó el Fiscal-, no considero necesario exponer ninguna prueba en este caso. Por la ley de la nación se sienta usted aquí como juez de sentencia y es su deber sentenciar. Tanto testimonio como argumentos implicarían la duda acerca de la decisión de Su Excelencia de cumplir con su deber jurado. Ese es todo mi caso.
Mi abogado, un hermano del médico forense fallecido, se levantó y dijo:
-Con la venia de la Corte... mi docto amigo ha dejado tan bien y con tanta elocuencia establecida la ley imperante en este caso, que sólo me resta preguntar hasta dónde se la ha acatado. En verdad, Su Excelencia es un magistrado penal, y como tal es su deber sentenciar... ¿qué? Ese es un asunto que la ley, sabia y justamente, ha dejado a su propio arbitrio, y sabiamente ya ha descargado usted cada una de las obligaciones que la ley impone. Desde que conozco a Su Excelencia no ha hecho otra cosa que sentenciar. Usted ha sentenciado por soborno, latrocinio, incendio premeditado, perjurio, adulterio, asesinato... cada crimen del código y cada exceso conocido por los sensuales y los depravados, incluyendo a mi docto amigo, el Fiscal. Usted ha cumplido con su deber de magistrado penal, y como no hay ninguna evidencia contra este joven meritorio, mi cliente, propongo que sea absuelto.
Se hizo un solemne silencio. El Juez se levantó, se puso la capa negra y, con voz temblorosa de emoción, me sentenció a la vida y a la libertad. Después, volviéndose hacia mi consejero, dijo fría pero significativamente:
-Lo veré luego.
A la mañana siguiente, el abogado que me había defendido tan escrupulosamente contra el cargo de haber asesinado a su propio hermano -con quien había tenido una pelea por unas tierras- desapareció, y se desconoce su suerte hasta el día de hoy.
Entretanto, el cuerpo de mi pobre padre había sido secretamente sepultado a medianoche en el patio de su último domicilio, con sus últimas botas puestas y el contenido de su fallecido estómago sin analizar.
-Él se oponía a cualquier ostentación -dijo mi querida madre mientras terminaba de apisonar la tierra y ayudaba a los niños a extender una capa de paja sobre la tierra removida-, sus instintos eran domésticos y amaba la vida tranquila.
El pedido de sucesión de mi madre decía que ella tenía buenas razones para creer que el difunto estaba muerto, puesto que no había vuelto a comer a su casa desde hacía varios días; pero el Juez de la Corte del Cuervo -como siempre despreciativamente la llamó después- decidió que la prueba de muerte no era suficiente y puso el patrimonio en manos de un Administrador Público, que era su yerno. Se descubrió que el pasivo daba igual que el activo; sólo había quedado la patente de invención del dispositivo para forzar cajas de seguridad por presión hidráulica y en silencio, y ésta había pasado a ser propiedad legítima del Juez Testamentario y del Administrador Público, como mi querida madre prefería llamarlo. Así, en unos pocos meses, una acaudalada y respetable familia fue reducida de la prosperidad al delito; la necesidad nos obligó a trabajar.
Diversas consideraciones, tales como la idoneidad personal, la inclinación, etc., nos guiaban en la selección de nuestras ocupaciones. Mi madre abrió una selecta escuela privada para enseñar el arte de alterar las manchas sobre las alfombras de piel de leopardo; el mayor de mis hermanos, George Henry, a quien le gustaba la música, se convirtió en el corneta de un asilo para sordomudos de los alrededores; mi hermana Mary María, tomaba pedidos de Esencias de Picaportes del Profesor Pumpernickel, para sazonar aguas minerales, y yo me establecí como ajustador y dorador de vigas para horcas. Los demás, demasiado jóvenes para trabajar, continuaron con el robo de pequeños artículos expuestos en las vidrieras de las tiendas, tal como se les había enseñado.
En nuestros ratos de ocio atraíamos a nuestra casa a los viajeros y enterrábamos los cuerpos en un sótano.
En una parte de este sótano guardábamos vinos, licores y provisiones. De la rapidez con que desaparecían nos sobrevino la supersticiosa creencia de que los espíritus de las personas enterradas volvían a la noche y se daban un festín. Al menos era cierto que con frecuencia, de mañana, solíamos descubrir trozos de carnes adobadas, mercaderías envasadas y restos de comida ensuciando el lugar, a pesar de que había sido cerrado con llave y atrancado, previendo toda intromisión humana. Se propuso sacar las provisiones y almacenarlas en cualquier otro sitio, pero nuestra querida madre, siempre generosa y hospitalaria, dijo que era mejor soportar la pérdida que arriesgarse a ser descubiertos; si a los fantasmas les era negada esta insignificante gratificación, podrían promover una investigación que echaría por tierra nuestro esquema de la división del trabajo, desviando las energías de toda la familia hacia la simple industria a la cual yo me dedicaba: todos terminaríamos decorando las vigas de las horcas. Aceptamos su decisión con filial sumisión, que se debía a nuestro respeto por su sabiduría y la pureza de su carácter.
Una noche, mientras todos estábamos en el sótano -ninguno se atrevía a entrar solo- ocupados en la tarea de dispensar al alcalde de una ciudad vecina los solemnes oficios de la cristiana sepultura, mi madre y los niños pequeños sosteniendo cada uno una vela, mientras que George Henry y yo trabajábamos con la pala y el pico, mi hermana Mary María profirió un chillido y se cubrió los ojos con las manos. Estábamos todos sobrecogidos de espanto y las exequias del alcalde fueron suspendidas de inmediato, a la vez que, pálidos y con la voz temblorosa, le rogamos que nos dijera qué cosa la había alarmado. Los niños más pequeños temblaban tanto que sostenían las velas con escasa firmeza, y las ondulantes sombras de nuestras figuras danzaban sobre las paredes con movimientos toscos y grotescos que adoptaban las más pavorosas actitudes. La cara del hombre muerto, ora fulgurando horriblemente en la luz, ora extinguiéndose a través de alguna fluctuante sombra, parecía adoptar cada vez una nueva y más imponente expresión, una amenaza aún más maligna. Más asustadas que nosotros por el grito de la niña, las ratas echaron a correr en multitudes por el lugar, lanzando penetrantes chillidos, o con sus ojos fijos estrellando la oscura opacidad de algún distante rincón, meros puntos de luz verde haciendo juego con la pálida fosforescencia de la podredumbre que llenaba la tumba a medio cavar y que parecía la manifestación visible de un leve olor a moribundo que corrompía el aire insalubre. Ahora los niños sollozaban y se pegaban a las piernas de sus mayores, dejando caer sus velas, y nosotros estábamos a punto de ser abandonados a la total oscuridad, excepto por esa luz siniestra que fluía despaciosamente por encima de la tierra revuelta e inundaba los bordes de la tumba como una fuente.
Entretanto, mi hermana, arrodillada sobre la tierra extraída de la excavación, se había quitado las manos de la cara y estaba mirando con ojos dilatados en el interior de un oscuro espacio que había entre dos barriles de vino.
-¡Allí está! -Allí está! -chilló, señalando- ¡Dios del cielo! ¿No pueden verlo?
Y realmente estaba allí: una figura humana apenas discernible en las tinieblas; una figura que se balanceaba de un costado a otro como si se fuera a caer, agarrándose a los barriles de vino para sostenerse; dio un paso hacia adelante, tambaleándose y, por un momento, apareció a la luz de lo que quedaba de nuestras velas; luego se irguió pesadamente y cayó postrada en tierra. En ese momento todos habíamos reconocido la figura, la cara y el porte de nuestro padre. ¡Muerto estos diez meses y enterrado por nuestras propias manos! ¡Nuestro padre, sin duda, resucitado y horriblemente borracho!
En los incidentes ocurridos durante la fuga precipitada de ese terrible lugar; en la aniquilación de todo humano sentimiento en ese tumultuoso, loco apretujarse por la húmeda y mohosa escalera, resbalando, cayendo, derribándose y trepando uno sobre la espalda del otro, las luces extinguidas, los bebés pisoteados por sus robustos hermanos y arrojados de vuelta a la muerte por un brazo maternal; en todo esto no me atrevo a pensar. Mi madre, mi hermano y mi hermana mayores y yo escapamos; los otros quedaron abajo, para morir de sus heridas o de su terror; algunos, quizá, por las llamas, puesto que en una hora, nosotros cuatro, juntando apresuradamente el poco dinero y las joyas que teníamos, y la ropa que podíamos llevar, incendiamos la casa y huimos bajo la luz de las llamas, hacia las colinas. Ni siquiera nos detuvimos a cobrar el seguro, y mi querida madre dijo en su lecho de muerte, años después en una tierra lejana, que ése había sido el único pecado de omisión que quedaba sobre su conciencia. Su confesor, un hombre santo, le aseguró que, bajo tales circunstancias, el Cielo le perdonaría su descuido.
Cerca de diez años después de nuestra desaparición de los escenarios de mi infancia, yo, entonces un próspero falsificador, regresé disfrazado al lugar con la intención de recuperar algo de nuestro tesoro, que había sido enterrado en el sótano. Debo decir que no tuve éxito: el descubrimiento de muchos huesos humanos en las ruinas obligó a las autoridades a excavar por más. Encontraron el tesoro y lo guardaron. La casa no fue reconstruida; todo el vecindario era una desolación. Tal cantidad de visiones y sonidos extraterrenos habían sido denunciados desde entonces, que nadie quería vivir allí. Como no había a quien preguntar o molestar, decidí gratificar mi piedad filial con la contemplación, una vez más, de la cara de mi bienamado padre, si era cierto que nuestros ojos nos habían engañado y estaba todavía en su tumba. Recordaba además que él siempre había usado un enorme anillo de diamante, y yo como no lo había visto ni había oído nada acerca de él desde su muerte, tenía razones como para pensar que debió haber sido enterrado con el anillo puesto. Procurándome una pala, rápidamente localicé la tumba en lo que había sido el patio de mi casa, y comencé a cavar. Cuando hube alcanzado cerca de cuatro pies de profundidad, la tumba se desfondó y me precipité a un gran desagüe, cayendo por el largo agujero de su desmoronado codo. No había ni cadáver ni rastro alguno de él.
Imposibilitado para salir de la excavación, me arrastré por el desagüe, quité con cierta dificultad una masa de escombros carbonizados y de ennegrecida mampostería que lo obstaculizaba, y salí por lo que había sido aquel funesto sótano.
Todo estaba claro. Mi padre, cualquier cosa que fuera lo que le había provocado esa descompostura durante la cena (y pienso que mi santa madre hubiera podido arrojar algo de luz sobre ese asunto) había sido, indudablemente, enterrado vivo. La tumba se había excavado accidentalmente sobre el olvidado desagüe hasta el recodo del caño, y como no utilizamos ataúd, en sus esfuerzos por sobrevivir había roto la podrida mampostería y caído a través de ella, escapando finalmente hacia el interior del sótano. Sintiendo que no era bienvenido en su propia casa, pero sin tener otra, había vivido en reclusión subterránea como testigo de nuestro ahorro y como pensionista de nuestra providencia. Él era quien se comía nuestra comida; él quien se bebía nuestro vino; no era mejor que un ladrón. En un instante de intoxicación y sintiendo, sin duda, necesidad de compañía, que es el único vínculo afín entre un borracho y su raza, abandonó el lugar de su escondite en un momento extrañamente inoportuno, acarreando deplorables consecuencias a aquellos más cercanos y queridos. Un desatino que tuvo casi la dignidad de un crimen.
FIN
| Hechizo de amor El no tenía problemas en la vida. Su existencia era monótona, pero armoniosa. En realidad no era desagradable, ni mucho menos feo, inclusive, si se esforzaba podía parecer listo; sin embargo, sucedía que era, tristemente común y corriente... |
|
|
| ¿Crees en cuentos de hadas? -¿Todavia crees en cuentos de hadas?-Ya nose en que creer. Me olvide de como se aguanta-No se aguanta,simplemente \\ |
| Mi suicidio Muerta «ella»; tendida, inerte, en el horrible ataúd de barnizada caoba que aún me parecía ver con sus doradas molduras de antipático brillo, ¿qué me restaba en el mundo ya? En ella cifraba yo mi luz, mi regocijo, mi ilusión, mi delicia toda... |
| La perla rosa Sólo el hombre que de día se encierra y vela muchas horas de la noche para ganar con qué satisfacer los caprichos de una mujer querida -díjome en quebrantada voz mi infeliz amigo-... |
| La última ilsusión de Don Juan Las gentes superficiales, que nunca se han tomado el trabajo de observar al microscopio la complicada mecánica del corazón, suponen buenamente que a Don Juan, el precoz libertino, el burlador sempiterno, le bastan para su satisfacción los sentidos y, a lo sumo, la fantasía, y que no necesita ni gasta el inútil lujo del sentimiento, ni abre nunca el dorado ajimez donde se asoma el espíritu para mirar al cielo cuando el peso de la tierra le oprime... |
| El amor asesinado Nunca podrá decirse que la infeliz Eva omitió ningún medio lícito de zafarse de aquel tunantuelo de Amor, que la perseguía sin dejarle punto de reposo... |
Los Cuentos Clásicos de siempre. Todos incluyen un resumen y el cuento completo en formatos de texto, audio y/o video.
Y todos tienen su propia valoración y comentarios sobre su utilidad educativa, pues no todos los clásicos son igual de educativos ni transmiten los mismos valores
| Título | Valores | Edad | |
|---|
| El patito feo | superacion, tolerancia | Todas las edades | |
| Los tres cerditos | compartir, diligencia, esfuerzo, ingenio, prudencia | Todas las edades | |
| Hansel y Gretel (La casita de chocolate) | colaboracion, igualdad, ingenio, superacion, unidad, valentia | Todas las edades | |
| Blancanieves y los siete enanitos | envidia, humildad | Hasta 8 años | |
| Cenicienta | bondad, confianza, esperanza, fe | Todas las edades | |
| Cuento de Caperucita Roja | discrecion, obediencia | hasta 8 años | |
| Pinocho | amor, conciencia, obediencia, responsabilidad, sinceridad | Hasta 10 años | |
| El soldadito de plomo | amor, fortaleza, fuerza de voluntad, teson | Hasta 12 años | |
| El gato con botas | confianza, humildad, ingenio, mentira, paciencia, valentia | Hasta 12 años | |
| La Bella y la Bestia | bondad, no juzgar por apariencias, sacrificio | A partir de 4 años | |
Short stories
Educa y divierte
con cuentos
Cientos de cuentos infantiles para padres y maestros, todos para educar en valores!
Aqui teneis una pequeña seleccion de cuentos infantiles. Erase una vez ....
Súbgeneros
Subgéneros
Algunos de los subgéneros más populares del cuento son:
Si bien el microrrelato no tiene la estructura del cuento, algunos autores lo consideran también un subgénero del mismo.
Cuento pòpular y cuento literario
Cuento popular y cuento literario [editar]
Hay dos grandes tipos de cuentos: el cuento popular y el cuento literario.
- El cuento popular: es una narración tradicional de hechos ficticios que se presenta en múltiples versiones, que coinciden en la estructura pero difieren en los detalles. Tiene 3 subtipos: los cuentos de hadas, los cuentos de animales y los cuentos de costumbres. El mito y la leyenda son también narraciones tradicionales, pero suelen considerarse géneros autónomos (un factor clave para diferenciarlos del cuento popular es que no se presentan como ficciones).
- El cuento literario: es el cuento concebido y trasmitido mediante la escritura. El autor suele ser conocido. El texto, fijado por escrito, se presenta generalmente en una sola versión, sin el juego de variantes característico del cuento popular. Se conserva un corpus importante de cuentos del Antiguo Egipto, que constituyen la primera muestra conocida del género. Una de las primeras manifestaciones en la lengua castellana es El conde Lucanor, que reúne 51 cuentos de diferentes orígenes, escrito por el infante Don Juan Manuel en el siglo XIV.
Partes de un cuento
Partes del cuento
El cuento se compone de tres partes.
- Planteamiento: La parte inicial de la historia,donde se presenta a los personajes y sus propósitos.
- Nudo: Parte donde surge el conflicto, donde la historia toma forma y suceden los hechos más importantes.
- Desenlace o final: Parte donde se da la solución a la historia y finaliza la narración.
Características del cuento
Características del cuento [editar]
El cuento presenta varias características que lo diferencian de otros géneros narrativos:
- Ficción: aunque puede inspirarse en hechos reales, un cuento debe, para funcionar como tal, recortarse de la realidad.
- Argumental: el cuento tiene una estructura de hechos entrelazados (acción – consecuencias) en un formato de: introducción – nudo – desenlace.
- Única línea argumental: a diferencia de lo que sucede en la novela, en el cuento todos los hechos se encadenan en una sola sucesión de hechos.
- Estructura centrípeta: todos los elementos que se mencionan en la narración del cuento están relacionados y funcionan como indicios del argumento.
- Personaje principal: aunque puede haber otros personajes, la historia habla de uno en particular, a quien le ocurren los hechos.
- Unidad de efecto: comparte esta característica con la poesía. Está escrito para ser leído de principio a fin. Si uno corta la lectura, es muy probable que se pierda el efecto narrativo. La estructura de la novela permite, en cambio, leerla por partes.
- Brevedad: para cumplir con todas las demás características, el cuento debe ser breve.
- Prosa: el cuento debe estar escrito en prosa
¿Que es un cuento?
El cuento es una narración breve de hechos imaginarios, protagonizada por un grupo reducido de personajes y con un argumento sencillo. Hay dos grandes tipos de cuentos: el cuento popular y el cuento literario
- El cuento popular: es una narración tradicional que se presenta en múltiples versiones, que coinciden en la estructura pero difieren en los detalles. Tiene 3 subtipos: los cuento de hadas , los cuentos de animales y los cuentos de costumbres. El mito y la leyenda son también narraciones tradicionales, pero suelen considerarse géneros autónomos.
- El cuento literario: es el cuento concebido y trasmitido mediante la escritura. El autor suele ser conocido. El texto, fijado por escrito, se presenta generalmente en una sola versión, sin el juego de variantes característico del cuento popular. Se conserva un corpus importante de cuentos del Antiguo Egipto, que constituyen la primera muestra conocida del género. Una de las primeras manifestaciones en la lengua castellana es El conde Lucanor, que reúne 51 cuentos de diferentes orígenes, escrito por el infante Don Juan Manuel en el siglo XIV.

Acerca de cuentosgaditanos
esto es un blog que se va a trabajar sobre los cuentos